Así como dicen los clichés, la vida nos puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos: este fue el caso de David Fernando Blanco, un bumangués que a raíz de un accidente tuvo una lesión medular que dejó sin movimiento y sin fuerza sus piernas, impidiendo que durante años pudiera valerse por sí mismo.
Debido a su situación de salud, las oportunidades de empleo se vieron limitadas, ya que constantemente le cerraban las puertas en los comercios para encontrar trabajo. Cuenta que para conseguir el sustento diario, trabajó en oficios varios y que, al igual que muchas personas en condición de discapacidad, recurrió a las zonas azules de parqueo en Bucaramanga para que, de monedita en monedita, se hiciera el diario vivir.
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Sin embargo, un día todo su panorama cambió y pudo acceder a un trabajo que le permitía por primera vez en su vida tener estabilidad laboral en medio de las dificultades. Se trata de un parqueadero ubicado en la carrera 35a #45-55 que desde hace 14 años emplea a personas con algún tipo de discapacidad, dándoles una segunda oportunidad para salir adelante.
En este lugar, ubicado debajo de las canchas del parque San Pío, se encuentran 12 personas con diferentes discapacidades: personas en sillas de ruedas, amputados, aquellos con dificultad para caminar, entre otros.
“A mí esto me cambió la vida. Uno ya tiene trabajo seguro todos los días, no tiene que levantarse a pensar “¿Qué voy a hacer hoy?”, gracias a Dios uno se levanta y ya sabe que tiene un oficio que hacer,” expresa David Fernando Blanco.
Explica, a su vez, que esta oportunidad se logró gracias a la gestión de Asotravip, la Asociación de Trabajadores de Vías Públicas, que desde hace 30 años ha liderado diferentes gestiones para brindar empleos a las personas con capacidades diversas.
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No obstante, el camino no ha sido fácil: tanto él como sus compañeros cuentan que en algún momento de su vida han sido víctimas de comentarios discriminatorios debido a su condición.
“Es normal, a veces uno se acostumbra a no ponerle cuidado a nada. Dicen “Ahí viene el chengo, ahí viene el patuleco, dicen muchas cosas”, pero uno trata de no escuchar nada de eso para no atormentarse”, agregó Blanco.
Así como a David, a Nelson Calderón, este parqueadero también le cambió la vida. En 1989 tuvo un accidente con un arma de fuego que lo dejó en silla de ruedas. Durante años trabajó como vigilante de carros en diferentes zonas del centro de Bucaramanga, pero vivir del rebusque era difícil.
“Trabajar aquí me tiene muy contento porque tengo una fuente de ingresos constante porque como somos personas discapacitadas, no nos dan trabajo en cualquier lado. Estamos contentos acá”, expresó Calderón.
Es así como las segundas oportunidades se gestan en La Bonita, una ciudad que debe apostarle a integrar en difenretes aspectos sociales, económicos y políticos a quienes por un azar del destino, perdieron la movilidad o la sensibilidad en alguna parte de su cuerpo.


