CUANDO BUCARAMANGA VOLVIÓ A SER CARRETERA EN LA FERIA BONITA

15 de septiembre de 2026
Por webmaster imct
Por Felipe Zarruk – La Cultural

Desfiles carros clásicos antiguos

 

Bucaramanga no desfiló carros, desfiló en el tiempo. El sábado 12 de septiembre, desde la UIS transitando por la carrera 27, pasando por el Mésón de los Búcaros, atravesando la Rosita, por donde siempre hay afán, pasó la historia en primera: El desfile de clásicos y antiguos de la Feria Bonita; y al frente, como siempre, Carlos Beltrán. Ese loco lindo que no colecciona carros, colecciona recuerdos.
Y salieron encabezando la caravana que rugía con sus motores, el Ford del 46 que todavía huele a abuelo; salió el Mustang rojo que todas las niñas de los 70 quisieron que les pitará en la esquina, partió el Volkswagen escarabajo que fue el primer carro de media ciudad y que todavía prende con maña y con cariño. Apareció el carro de bomberos clásico detrás de un Simca 1.300 modelo 1977 y los Jeep Willys que subieron café a la Mesa de los Santos o que ascendían desde Portachuelo, en la vía que desde Rionegro conduce a Bucaramanga. No eran carros, eran espejos. Cada bumangués vio ahí su infancia. “En uno de esos me llevó mi papá al colegio”. “En uno de esos aprendí a manejar y quemé el clutch”. “En uno de esos me di el primer beso”, comentaban los asistentes al desfile, quienes como yo salimos al paso de los Clásicos y Antiguos. Carlos Beltrán los mantiene vivos en su garaje como gran coleccionista que es. Les brilla la pintura, les ajusta el motor parejo, les cuelga la placa antigua como medalla de guerra. Porque él no los guarda, los cuida. Los mima, les habla. Igual que sus invitados al evento, quienes no permiten que ni les toquen sus vehículos y cuando alguien les pregunta el precio: ¡Se molestan!.
Y la gente en la calle entendió para qué era el desfile. No aplaudía latas, aplaudieron la memoria. Los niños preguntaban “¿qué carro es ese?” y los papás respondían con nostalgia, “ese es un Mustang 65”.
Esa es la Feria Bonita que nos gusta, la que ya no tiene maizena ni espuma. La que nos lleva a pasear por lo que fuimos, la misma que nos dice que lo viejo vale, que lo clásico no pasa de moda. Que Bucaramanga también se hizo a punta de carretera, de viaje a la costa en carro sin aire acondicionado, con una familia numerosa metida en un Renault 4.
Gracias, Carlitos Beltrán, gracias por sacarnos a rodar el corazón.
El sábado por la tarde, Bucaramanga no fue ciudad. Fue un garaje grande, lleno de historias andando a 30 por hora, ¡Pero andando! Y ahí estuvimos con La Cultural, narrando historias clásicas y antiguas.

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