Los retos y la creatividad de las librerías en la época de Amazon

Escrito por el 25/02/2020

En esta era de redes sociales, algoritmos y compras digitales, las librerías han tenido que reinventarse como espacios de reunión con servicios tan distintos como cafetería, bar, talleres y hasta alojamiento.

Yo he visto cosas que ustedes nunca hubieran podido imaginar. Una librería que te regala una cerveza cuando vas a recoger el libro que le has encargado, más allá del desierto de Amazon. He visto relámpagos iluminar la Conspiración de la Pólvora a través de la Puerta de Tannhäuser. He dormido en un hotel librería de Tokio.

Y todo eso no se perderá en el tiempo, como lágrimas en la lluvia, porque es lo que voy a contar con muchos más ejemplos precisamente en este artículo.

Krishna Gowda —dueño de Bookworm de Bangalore— se ha hecho famoso entre los escritores de la ciudad india porque recomienda sistemáticamente sus libros y les cuenta qué han opinado sobre ellos los lectores de los que se va haciendo. El prescriptor, en efecto, es siempre un intermediario que genera una red social. Y el medio natural de una librería es su barrio y su ciudad, donde se da lo que ahora se llama: comercio de proximidad.

Ante la competencia desproporcionada que suponen Amazon y el resto de empresas de venta de libros y otros objetos por internet, esos conceptos se han vuelto esenciales para la supervivencia de las librerías. Seleccionar, mediar, aproximar, en formas creativas que seduzcan a los lectores y los conciencie de la necesidad de apoyar a sus librerías.

“No tenemos servicio de compra en línea, pero si nos pides un libro, como no podemos enviártelo a casa, te invitamos a una bebida. Es decir, como decimos en broma, en lugar de cobrar gastos de envío, te invitamos a una copa”, me cuenta por mensaje de audio Javier García del Moral, de la librería The Wild Detectives de Dallas. Amazon no te paga una cerveza ni tiene sentido del humor.

Todos los libros de la librería bar han sido elegidos con extremo cuidado, en el marco de la iniciativa 100% Vetted Books. “Invitamos a escritores, editores, a buenos lectores amigos, gente de confianza, a que nos envíen listas de libros que deben estar en una buena librería”, añade el librero de origen español. “Es con esa base de datos con la que configuramos el cuerpo de la selección, donde hay muy pocas novedades, todos los títulos o los hemos leído nosotros o han sido leídos por alguien a quien conocemos en persona”. Cada lector encarna, así, su propio e intransferible algoritmo.

Tom James y Dustin Ngo el 17 de junio de 2017 en el Rare Books Room de la mítica librería Strand de Nueva York. Aunque probablemente ellos se sintieron superespeciales, en realidad formaban parte de una tendencia del mercado casamentero, que ha encontrado en las librerías, las bibliotecas y las casas de escritores el marco ideal para formalizar ese contrato amoroso e indefinido.

En el vigésimo aniversario de la película de Hugh Grant y Julia Roberts —que se cumple este año—, la Notting Hill Bookshop de Londres ha recibido decenas de solicitudes para albergar bodas. Las librerías se han revestido de un aura romántica, a causa de su aspecto pintoresco (tan adecuado para el formato Instagram) y de las novelas y las películas superventas que las han retratado como espacios donde las almas solitarias y los corazones rotos reciben epifanías eróticas, inyecciones de consuelo, amigos para siempre.

También se han popularizado en el mundo anglosajón las sesiones de citas rápidas en librerías: el amor a primera vista puede nacer tanto de la atracción física como de la respuesta a la pregunta “¿Cuál es tu libro favorito?”. Al fin y al cabo, para las parejas de amantes de los libros hay un día tan memorable como el de la primera cita, el inicio de la convivencia, la boda o el del predictor positivo: el de la fusión —o no— de las respectivas bibliotecas.

La cadena japonesa Book And Beed ha sabido hacer de la necesidad una virtud: si el hotel cápsula tiene mala prensa, mejor disfrazarlo de librería (con la ayuda en la selección —o, en dialecto hípster, “curación”— de Keibunsha). Pasé una noche en uno de sus hoteles librería de Tokio y es —como el crucero de David Foster Wallace— una de esas cosas supuestamente divertidas que no volvería a hacer. Pero tengo que decir que, cuando cerré a medianoche la cortina negra de mi cubículo, había huéspedes leyendo en los sofás, bajo la luz tenue, sin más compañía que un té o una cerveza; y cuando me desperté a las ocho de la mañana, otros los habían remplazado, junto al humo de sus tazas de café.

Las ofertas de alojamientos en librerías crecen día a día, como lo hacen las narrativas que idealizan los mundos librescos. En el Reino Unido, la tierra de la tierna Notting Hill y de la pastelosa La sociedad literaria y el pastel de patata encontramos Booklovers, que es el bed and breakfast de The Sanctuary Bookshop de Lyme Regis; oThe Open Book, que alquila un apartamento en Wigtown, Escocia, y te permite trabajar como librero durante tu estancia (me pregunto qué ocurrirá cuando los ingenuos clientes descubran que además de recomendar libros y que leer, hay que cargar cajas, quitar polvo e introducir aburridísimos datos técnicos en el ordenador).

Wigtown es un pueblo librería, por cierto: los paraísos de los #BookLovers (bibliófilos), otro concepto de expansión. Pero no es uno cualquiera, sino el que encontró Jessica Fox en Google cuando buscó “librería de libros leídos en Escocia”. Decidió dejar su trabajo en el Departamento de Comunicación de la NASA y vivir en una librería escocesa. Se enamoró. Lo demás no es silencio, sino un libro titulado Three Things You Need to Know About Rockets, que ella misma está adaptando como película. Ambos románticos, por supuesto, ya veremos si dulces, empalagosos o hipoglucémicos.

Redacción: The New Yok Times.

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