Historia y controversias sobre el escudo de Bucaramanga

Escrito por el 28/07/2020

El historiador santandereano Armando Martínez Garnica reconstruyó en la Emisora Cultural la historia de la adopción del escudo que hoy es símbolo del municipio, pero que en su concepto resultó ser un despropósito, porque Bucaramanga no fue fundada sino “creada como un pueblo de indios”.

Martínez Garnica es historiador con doctorado en Historia por El Colegio de México y postdoctorado por la Universidad Andina Simón Bolívar de Quito. Posee más de 32 años de experiencia en docencia universitaria en historia y 35 años en recuperación de archivos en Tolima y Santander. Reconocido nacional e internacionalmente, es miembro correspondiente de la Academia Colombiana de Historia y presidente de la Academia de Historia de Santander y acaba de terminar su gestión como director del Archivo General de la Nación.

Escuche la entrevista en La Cultural a continuación:

Los símbolos del municipio

Por: Armando Marínez Garnica.

Como buena parte de los municipios del país, el municipio de Bucaramanga cuenta con un escudo, un himno y una bandera. ¿Cuál fue el origen de cada uno de ellos?

Con ocasión de la realización de los Quintos Juegos Atléticos Nacionales en 1941, David Martínez Collazos —miembro del Centro de Historia de Santander— advirtió que el municipio carecía de todos ellos, y presentó su propuesta tanto para la bandera como para el escudo. Este Centro conformó entonces una comisión —integrada por Martín Carvajal, Joaquín Fonrodona Suárez y José Fulgencio Gutiérrez— para examinar su propuesta. Pero durante el mes de abril de 1941 don Enrique Otero D´Costa terminó su diseño del escudo de armas del municipio de Bucaramanga con las siguientes características heráldicas: estaría dividido en cuatro cuarteles, que vistos desde él mismo llevarían los siguientes símbolos:

En el cuartel derecho superior iría una rosa sobre campo de sinople, alegoría de los vergeles de rosas que en ese entonces decoraban muchas residencias de la ciudad, y que en la ciencia de los blasones manifestaba hermosura del linaje. Al estar sobre campo de sinople expresaba la cortesía, la amistad y la hospitalidad de los bumangueses.

El cantón izquierdo superior llevaría una espada desnuda de plata, símbolo de valentía, como recuerdo de la batalla librada en el campo de Palonegro. Iría sobre campo de gules, un color que simboliza la intrepidez, el honor y la sangre vertida por una causa.

El tercer cuartel, inferior derecho, llevaría dos llaves de color sable, símbolo en la técnica de la armería de poderío y guarda, sobre campo de oro que denota luz y sabiduría, para significar que Bucaramanga representa el poderío de la capital del departamento de Santander, desde donde se gobierna a todos los ciudadanos de esta entidad político-administrativa de Colombia.

El cuarto cantón, inferior izquierdo, llevaría un árbol de roble, símbolo del esfuerzo creador y sostenido de los bumangueses, esmaltado de sinople sobre campo de plata, manifestación de la limpieza, integridad y riqueza de los labradores que poblaron originalmente la ciudad.

Para cumplir con los cánones heráldicos, este escudo llevaría por orla y en campo de blao la frase en lengua latina “MONTANI SEMPER LIBERI”, que podemos traducir al castellano como “Montañas siempre libres”, una derivación del libro de relatos sobre la guerra de los Mil Días que don Enrique Otero había publicado en 1932 con el título de Montañas de Santander. Este escudo se completaría con un timbre superior que representaba un yelmo de acero con el miraje hacia la derecha, perfilado y abierto y con su burulete de oro y blao, que tendría por divisa un león naciente de color oro, que empuñaba un pendón de Colombia con todos sus esmaltes. Estaría decorado con trascoles, follajes y dependencias de oro y blao.

Todas estas características fueron vertidas por el alcalde municipal de ese momento, don Pedro Gómez Parra, en un proyecto de acuerdo que firmó el 29 de abril de 1941 y presentó a la consideración del Concejo de la ciudad. Esta corporación aprobó en primer debate el proyecto de acuerdo en su sesión del 2 de mayo de 1941 y dictaminó que antes de pasar al segundo debate debía ser estudiado por una comisión del Centro de Historia de Santander, juntada con los concejales Martínez Villalba y Menéndez. Este Centro comisionó a los académicos Juan de Dios Arias y Aureliano Rueda Olaya para este estudio de la propuesta de escudo de armas que había producido la inspiración de don Enrique Otero D´Costa. El informe que estos presentaron recomendó la adopción de ese escudo en consideración a que los símbolos escogidos se ajustaban a las rigurosas leyes de la heráldica y en consecuencia merecía ser grabado en el frontispicio del Concejo.

Los símbolos elegidos evocaban perfectamente los atributos de los bumangueses: hermosura de linaje, cortesía y hospitalidad, valentía, honor y victoria, guarda y poderío, luz y sabiduría, esfuerzo y trabajo. El lema elegido recordaba que las montañas de Santander habían sido siempre refugio de la libertad, y si a este se agregaba la bandera colombiana en las manos del león quedaba claro el compromiso de los bumangueses con el destino de Colombia. Concluyeron entonces que todos los emblemas escogidos por Otero D´Costa traducían muy bien “la excelencia del alma santandereana”, con lo cual la introducción de cualquier símbolo moderno convertiría el escudo en un producto híbrido que reñiría con el carácter genérico y sagrado que debía tener un blasón.

El proyecto de acuerdo llevado a primer debate, en mayo de 1941, adoptaba el escudo de armas de Bucaramanga con el siguiente texto:

El Concejo Municipal de Bucaramanga, en uso de sus atribuciones legales y considerando:

1º Que la ciudad de Bucaramanga no posee escudo de armas que le sirva de distintivo en sus actos ciudadanos y de blasón de sus glorias;

2º Que este vacío se hace más notorio si se toma en cuenta la venerable antigüedad del poblado cuya fundación se remonta a más de tres siglos:

3º Que la ciudad ha contribuido poderosamente al acrecentamiento de las glorias patrias, así por los hechos trascendentales de que ha sido teatro en el curso de los siglos, como también por el vigoroso aporte de sus hijos en los campos del pensamiento y en los palenques del trabajo donde han forjado el engrandecimiento de la región:

4º Que muchas otras ciudades del país poseen escudos señoriales, ya por concesiones otorgadas en reales cédulas o por disposiciones legales provenientes de nuestra vida independiente y republicana;

5º Que el señor Enrique Otero D´Costa ha trabajado, dentro de las más ceñidas reglas de la heráldica un proyecto de escudo destinado a blasonar la ciudad, y

6º Que estudiada la iniciativa se halla que los símbolos que a ella decoran se corresponden debida y felizmente con las tradiciones, características y altos hechos que enseñorean la ciudad,

ACUERDA:

Artículo único. Adóptase como escudo nobiliario de la ciudad de Bucaramanga el mismo que ha propuesto para ella el señor Otero D´Costa. En consecuencia, la ciudad ostentará de hoy en adelante en sus banderas, estandartes, edificios y documentos públicos las siguientes armas:

En el cantón diestro del jefe irá una rosa en campo de sinople. En el cantón siniestro una espada desnuda, de plata, en campo de gules.

En el tercer cuartel, a la diestra, dos llaves de sable en campo de oro.

Y en el cuarto cantón un roble esmaltado de sinople en campo de plata.

Todo lo cual irá ceñido con una orla en cuyo campo de blao irá un mote que reza: MONTANI SEMPER LIBERI.

Y por timbre llevará un yelmo acerado con miraje hacia la diestra, perfilado y abierto y con su burulete de oro y blao, y por divisa un león naciente, oro su color, empuñando un pendón de Colombia con todos sus esmaltes. Todo lo cual irá decorado con trascoles, follajes y dependencias de oro y blao.

Presentado a la consideración del honorable Concejo de Bucaramanga por el suscrito alcalde municipal Pedro Gómez Parra.

CONCEJO MUNICIPAL. Secretaría.

Bucaramanga, 2 de mayo de 1941.

 

Para entonces ya con recursos asignados por la ley 26 del 21 de noviembre de 1939 la Nación había contribuido a la construcción de la villa olímpica, del nuevo Palacio de la Gobernación y del Hotel Bucarica, diseñado inicialmente por el arquitecto Germán Tejero de La Torre. Fue en ese contexto cultural que Bucaramanga se puso de moda en el año 1941 y recibió la visita del expresidente Alfonso López Pumarejo, quien inauguró el Hotel Bucarica con un banquete realizado en la noche del miércoles 10 de diciembre de 1941. Hoy se encuentra en el balcón descubierto de ese hotel el gigantesco escudo de armas acogido por la Alcaldía de la ciudad con sus palabras emblemáticas: Montani Semper Liberi. Pero no hay que perder de vista que se trata del mismo lema del Estado de West Virginia, adoptado desde 1872 por sugerencia de Joseph H. Diss Debar, el artista que diseñó el gran sello de este Estado de la Unión Americana. En todo caso, el diseño de Otero D´Costa fue adoptado legalmente por el acuerdo municipal 171 del 10 de octubre de 1951.

El proceso de adopción del escudo de Bucaramanga se acompañó desde el año 1939 con un amistoso debate librado en la revista Estudio, órgano del Centro de Historia de Santander, sobre el tema del significado original de la palabra Bucaramanga. En sus Crónicas de Bucaramanga, publicadas en 1896 por la imprenta bogotana de don Medardo Rivas, don José Joaquín García propuso que la palabra Bucaramanga debía considerarse sin duda alguna como “una voz completamente indígena”, y aseguraba que ya se pronunciaba antes de la llegada de los castellanos. Pero, a pesar de esta observación, no resistió las ganas de proponer un significado a esa voz aborigen acudiendo a raíces castellanas: Según la opinión de personas entendidas, la palabra Bucaramanga está compuesta de las voces búcaro y manga: búcaro, que significa anaco; y manga, campo o terreno. Siendo así, el verdadero significado de la palabra sería campo de anacos. Es verosímil que tal nombre se diera al sitio donde está edificada la ciudad, pues todavía se encuentran en sus alrededores muchos de estos árboles, que es posible fueran muy abundantes en remotos tiempos.

El escritor David Martínez Collazos propuso en el debate, provocado en junio de 1939 por don Juan de Dios Arias, la aceptación de esa versión: la palabra Bucaramanga significaría “tierra de los búcaros” porque originalmente era un terreno donde crecían esos árboles del género Erythrina que fueron usados como sombra para las plantas del café arábigo que hicieron la riqueza de Santander en la segunda mitad del siglo XIX. Anteriormente habían acogido esta versión don José María Rojas Rueda en su libro Ciudades de Santander, don José Camacho Carreño en Bosquejos y paisajes, y el poeta Ismael Enrique Arciniegas: “[…] en la antigua manga de los búcaros, hace cien años población modesta y hoy ciudad bella, próspera y acogedora, en donde se percibe a mañana y tarde el hervir de la vida”.

Pero esta interpretación poética de la palabra Bucaramanga tiene dos tachas que la tornan inaceptable: el semántico y el botánico. Aunque el padre Isaías Ardila Díaz intentó hacer pasar por buena la estrategia semántica que consiste en descomponer en trozos los toponímicos guanes para después aproximarlos a palabras de otra lengua, la chibcha recogida por el Diccionario de Joaquín Acosta Ortegón, una tarea totalmente ilegítima, no podemos aceptar tampoco la descomposición de la palabra indígena Bucaramanga en dos trozos (bucara y manga) para luego buscar sus aproximaciones en otra lengua, pues en el Diccionario de la lengua castellana encontramos ya desde los tiempos de Sebastián de Cobarrubias (1611) las palabras búcaro y manga. Así no se juega en semántica. El problema botánico consiste en confundir dos especies distintas que crecen en Santander para dar sombrío al cacao y al café: el búcaro y el anaco. Aunque los dos árboles son especies del género Erythrina, de la familia de las Fabaceae, una tiene sus flores naranjas agrupadas en forma de un bouquet de novia (a la que por el color de la arcilla naranja se le dice búcaro) y la otra tiene las flores de color rojo coral. No son lo mismo los campos de anacos que pueden verse en las jurisdicciones de Curití y Aratoca que los campos de búcaros de Ríofrío y La Renta.

A finales del mismo año 1939 controvirtió esta antigua versión don Enrique Otero D’Costa, quien por un mero ejercicio de su imaginación dijo que bucar era una palabra guane que significaba señor, mientras que la palabra mangasignificaba dehesa, con lo cual Bucaramanga vendría a significar, por pura hipótesis, algo así como la dehesa del señor o del cacique. Pero al menos don Enrique confesó abiertamente su “fechoría” semántica:

[…] como quiera que no existen ni diccionarios ni vocabularios de la perdida lengua de los guanes, era forzoso buscar ese significado por los caminos de la inducción, y me dije: siendo un hecho que el señor del sitio denominado por los guanes Bucaramanga poseía allí mismo una dehesa, y siendo así que la voz dehesa tradúcese como equivalente a manga, ¿sería absurdo suponer que Bucaramanga pudiera traducir algo que denotara la posesión, la pertenencia de tal dehesa, de tal manga?… y así propuse como aceptable la ya conocida traducción: manga = dehesa; bucar =del señor. De donde, Bucar-a-manga, la dehesa del señor.

Desde luego, se trata de una mera hipótesis, como reconoció don Enrique, “hija de la deducción”. “Manga de los búcaros” o “dehesa del señor” son dos deducciones semánticas parecidas porque deducen gratuitamente significados de fragmentos de una palabra indígena con diccionarios de la lengua castellana, en ausencia de diccionarios de las lenguas indígenas correspondientes. Como este procedimiento es inaceptable tratándose de lenguas indígenas, hay que restituir la palabra completa y volver a preguntar: ¿qué pudo haber significado una palabra aborigen completa pronunciada Bucaramanga? Más aún, ¿a cuál de las lenguas aborígenes perteneció, junto con otras palabras cercanas como Bucarica y Bucarasica?

David Martínez Collazos propuso en 1937, con la mirada puesta en los Quintos Juegos Nacionales, una propuesta de pabellón con tres franjas de colores: rojo arriba, verde en medio y azul claro abajo. La comisión de académicos del Centro de Historia estuvo conforme entonces con esa propuesta, agregando los atributos asignados a cada color, en orden el sol del ocaso (rojo), la montaña santandereana (verde) y el agua (azul claro). Pero en esa ocasión no fue adoptada esta propuesta. La adopción de la bandera, según el diseño de Gustavo Gómez Mejía, quien presidió la Academia de Historia de Santander, solo se produjo por el decreto 4, dado por el alcalde municipal, el 4 de enero de 1958, con colores distintos. La franja central, cuatro veces más ancha que el de las dos franjas verdes de los extremos, es de color amarillo y lleva en su centro un círculo azul, rodeado con un borde rojo, que lleva dentro una estrella blanca de cuatro puntas. La inscripción asociada al círculo central de la franja amarilla reza “Bajo el azul de su cielo y defendida por la sangre generosa de sus hijos, Bucaramanga está abierta a los cuatro horizontes de la Patria”.

El himno fue el último de los signos acogidos, por el procedimiento de un concurso público abierto en el año 2002 por la Alcaldía municipal. Los jurados fueron el historiador Armando Martínez, la doctora en literatura Ana Cecilia Ojeda y el maestro Blas Emilio Atehortúa, los cuales emitieron su fallo el 4 de diciembre de 2002. La letra del himno ganador fue escrito por Gabriel Latorre Carvajal y la música por John Jairo Claro Arévalo. Por el decreto 250 del 10 de diciembre de 2002 fue adoptado este himno ganador, pero el Concejo de Bucaramanga lo adoptó por el acuerdo 20 del 16 de abril de 2013, ordenando enseñarlo en todos los establecimientos educativos de primaria y secundaria que funcionen en el municipio.

 

 

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